Por: Carolina

En la vida se pueden elegir generalmente dos cosas, dos caminos, dos respuestas o dos actitudes…yo elegí viajar, salir del país y empezar una nueva parte de mi historia de vida de aquella que dejé cuando tomé el primer avión de escala internacional. Hoy, yo elijo hablar, contar, narrar o como sea que se le quiera llamar al hecho de escribir una parte de mi historia que acontece en tierras españolas.

Llegué a España hace un año y tres meses. Mi objetivo, estudiar. Vine a la Universidad de Valencia y empecé el master en Género y Políticas de Igualdad, un nombre que incluso a las mimas personas españolas por momentos suele sonar extraño. A veces para abreviar digo que son estudios sobre las mujeres y aparentemente, lo digieren con más facilidad. Mi llegada a España combinó varios elementos, algunos que con el paso del tiempo encuentro comunes a muchas otras personas que llegan al país en busca de nuevos objetivos y otros que según cada experiencia resultan diferentes. 

Después de un viaje Bogotá-Madrid, con escala de 5 o 6 horas en las que afortunadamente fui visitada en el aeropuerto de Barajas por una amiga del colegio que vive en la ciudad, tomé el siguiente avión rumbo a Valencia. En total unas 16 horas de viaje incluida la escala. Viví en Requena (un pueblito a una hora de Valencia) las dos primeras semanas de estadía, en casa de una amiga de mi pueblo natal en Colombia. Ya en clases, porque llegué un mes tarde al master busqué lugar para vivir, en un fin de semana y gracias a una de esas personas que como ángeles se nos aparecen, tuve en donde dormir por dos días, dos días en los que fui a clase, busqué habitación (a punta de direcciones sacadas de Internet) y salí por primera vez a recorrer la que sería la ciudad en donde me radicaría por los dos próximos años.


Ya en Valencia, con clases los fines de semana, inicié la tarea de hacer todas las diligencias y papeleos para empezar a ser una más de los tantos y tantas que formamos parte de las listas de inmigrantes colombianos en Valencia, que por cierto, no somos pocos. Empadronarse (término que significa inscribirse en un censo) y empezar con el trámite de sacar el NIE (Número de Identificación de Extranjería), tarjeta que se convertirá en tu identificación en el país y que deberá ser renovada anualmente, si eres estudiante, fueron las dos diligencias que me trastornaron al principio, en parte porque sin saber en dónde y cómo se deben hacer, se convierten casi en un problema.


A lo anterior no puedo dejar de sumar la tediosa y difícil tarea de buscar trabajo. Bien, pues me inscribí por Internet en varias bolsas de empleo y empecé a enviar las hojas de vida, a las que aquí se les llaman curriculums, por montón. Hostelería, así se conoce el medio al que inicialmente la mayoría de los colombianos y colombianas intentamos acceder para poder enganchar en un trabajo de medio tiempo. Yo fui afortunada, pues cuando empecé a conocer las historias de otros amigos y amigas me di cuenta de que encontrar trabajo no resulta tan fácil como me resultó a mí.


Un restaurante (bocatería y cervecería) que estaba a punto de inaugurar me llamó para formar parte de la plantilla de trabajo. Después de una entrevista con la persona encargada de selección de personal que resultó ser un argentino, y aprovechándome de los lazos sur americanos, traté de explicarle que en realidad necesitaba el trabajo para combinarlo con el estudio. Pues bien fui seleccionada. Desde el día de la apertura hasta hoy cuando escribo estas líneas, trabajo allí, en el centro de Valencia, como camarera (mesera) de medio tiempo en contrato, más no en la realidad. Pero esa es otra parte de la historia, y lo que aquí concierne es decir que afortunadamente para mi bien aún tengo trabajo.


Aunque los primeros meses resulten un tanto complicados, mientras aprendes a conocer la ciudad y los medios de transporte, mientras te adaptas al modo de ser de los y las españolas, a la manera de hablar de ellos y ellas, a la manera académica de proceder en las universidades, a conocer nuevas personas, a comer bocatas y más bocatas, a buscar trabajo aquí y allá, al clima frío y húmedo o caliente y húmedo, seguramente aunque todo esto resulte difícil cuando recién llegas, debo decir que ese tiempo pasa, y con él muchas experiencias quedarán aprendidas.


Un día cuando amanece y abres los ojos, te das cuenta que ya tienes trabajo y que el proceso de tu NIE va en camino, entonces ahora deberás preocuparte por tener un permiso de trabajo que debe solicitarse con una oferta de trabajo hecha por el jefe o la jefa, o en su defecto por la empresa. Después de eso, cerciorarte que te den de alta en la seguridad social y asegurarte de obtener el número de tu seguridad social.


Puedo confirmar que lo anterior tomará muchos días de conversaciones con personas que seguramente habrán pasado por lo mismo o que estarán pasando exactamente por la misma situación que tú. A mí me sucedió así. Éramos un grupo de mujeres (mis compañeras de la universidad, mi compañera de apartamento y sus compañeras de master), las que constantemente solíamos comentar el cómo iban nuestros procesos de papeles, números, trabajos y esas cosas. Pero como el tiempo corre, otro día te das cuenta que hablas con tus compañeros y compañeras (muchos y muchas de las cuales ya serán tus amigos o amigas) de todos los temas que tienen que ver con papeles, números y maneras de buscar trabajo y piso con gran facilidad y práctica.


Ahora resulta que trabajas. En restaurantes, limpiando casas o bares por las mañanas, entregando publicidad por las calles y en las puertas, haciendo manicure a domicilio, cuidando niños o niñas, ancianos o ancianas, en locutorios (café Internet), enseñando idiomas o guiando a niños y niñas en sus tareas, o en eventos cuando te registras en bolsas de trabajo y te llaman esporádicamente para trabajar por horas. Unos en algunos oficios y otras en otros, pero tienes lo de pagar el arriendo de la habitación o el apartamento compartido, lo de pagar el trasporte y lo de comer, y si te las arreglas bien lo de ahorrar para hacer uno de esos viajes que tanto has soñado.


Después vienen otras cosas, otros proyectos y otro tipo de vinculaciones y relaciones que habías esperado. Según los intereses, “si buscas”, encuentras. Yo, después de un año de clases he empezado a realizar hace un par de meses mi proyecto final de investigación, el tema de mi trabajo me llevó rumbo a la Asociación Entreiguales Valencia, allí conocí a colombianos y colombianas comprometidos con proyectos y una esencia en común, Colombia. Ahora formo parte de la asociación, de un grupo de hombres y mujeres que en medio de sus ideales personales convergen en un espacio social que nos atañe a todos y todas por igual.


En la vida se tienen dos opciones, formar parte o no, dejar pasar o pasar con, ser visible o invisible, comprometido/a o indiferente. Hoy, yo elegí escribir una parte de mi historia en la que opté por formar parte de otro país, con otras personas, con dificultades pero también con hermosos momentos, yo decidí que pese a todo esté donde esté, quiero ser feliz y lo intento con cada cosa que hago diariamente.

Actualizado ( Domingo, 28 de Junio de 2009 09:01 )