Para que no me falle la memoria
Por: Mauricio pinto
Mis estudios son en ciencias biológicas. Fui de los que me aventuré a ser docente desde el nivel básico hasta el universitario. Me regocijé de placer en la medida en que conocí de primera mano lo diverso que es nuestro territorio y la generosidad de la gente.
Lo diverso por supuesto es una categoría grande, pero puedo resaltar tres imágenes que están muy presentes: Los múltiples paisajes, los pisos térmicos y las riquezas. Eso me hace pensar que en Colombia, es como si tuviésemos una pequeña maqueta del mundo.Y cuando hablo de múltiples paisajes lo digo por los grandes ríos, también por las selvas, por los desiertos y las nieves perpetuas, por los pisos térmicos y por el clima de páramo frío, templado y caliente.
En riquezas lo digo por el carbón, por las esmeraldas, el oro, el platino, el níquel, el agua, la madera, los hombres y las mujeres, y además por la inteligencia como valor, la academia y la lucha social.
Pudiera agregar más por ejemplo, la historia de libertad, y el legado precolombino. La huella del grito africano en sus costas y su folclor. La herencia que dejaron aquellas culturas extintas expresadas en la arquitectura, la filigrana, los tejidos y monolitos y por último la riqueza cultural expresada en el mestizaje y la cosmovisión de los pueblos indígenas, que se hallan aún vigentes.
Esta imagen de lo que es Colombia, de lo que representa y la búsqueda de un mejor clima para que no mueran las ideas, hacen parte de dar a conocer mi historia, esa parte del porque decidí migrar. Un incentivo para buscar horizontes que me permitan mejorar la preparación académica, cultural, profesional y económica que posibilite el ir ganando un equilibro como ser humano.
La oportunidad de estudiar se dio en la ciudad de Valencia, aprovechando algunos contactos de redes que conocen de temas como periodos de matrículas, trámites y “trucos”, así como ayudas de manutención en la ciudad, gestiones de los nuevos documentos y en general de la dinámica social de la ciudad, lo cual es importante y permite dar el salto a la hora de salir del país.
Mi llegada se dio en un contexto de dolores y heridas que van siempre vivas y eternamente se vuelven compañeras. Lo anterior corresponde a esa parte de seres que conforman tus entrañas, tus raíces, tus sentimientos y complicidades y que ahora, cuando das ese paso, ya no están. Soy consciente de que la vida sigue.
La salida, toda una cruzada en la medida en que son los recursos económicos los cruciales para resolver todos los requisitos exigidos por el consulado, en este caso, el español. Al salir te das cuenta de la dimensión y el estigma de “ser colombiano”, porque a muchos países no les piden el visado y en cambio a nosotros casi todos los países nos lo exigen.
La llegada implicó un proceso duro, de silencios, soledades, vacíos, ausencias. Se trata de entender los nuevos tiempos, la gente que para uno es nueva, los hábitos de alimentación, entre otras cosas. Es así como a inicios de año 2007 llego a la ciudad de Valencia. Llegué a un Colegio Mayor, institución que funciona como residencia universitaria, sin embargo los gastos de matrícula fueron por cuenta propia. Ahora vivo en alquiler, que es otro asunto, asumiendo todos mis gastos.
Una vez en la ciudad empecé los trámites claves de los documentos administrativos que como estudiante se exigen para residir en España y de paso los de la universidad. Todas las gestiones las fui entendiendo gracias a gente que estaba en red y que tenia pasos adelantados en este campo.
Los documentos claves para legalizar la situación han sido en primera instancia el empadronamiento, documento definitivo en todas las gestiones tanto de residencia, como universidad, salud, vivienda, e incluso para las becas, de ahí deriva el segundo documento llamado la tarjeta de residente NIE. Es como el documento de identidad que se renueva de ahí en adelante por periodos académicos.
El documento denominado empadronamiento se debe tramitar antes de 90 días una vez se pise territorio español en caso que venga por más de tres meses de estudio, como lo es en mi caso, que soy estudiante.
Una vez inmerso en la lógica académica, viene la idea de conocer las posibilidades de trabajar en la experiencia profesional que se posee. Pero debo decir, que hay una brecha gigante entre lo que se quiere y la realidad, pues la mayoría de veces, los fondos económicos se consiguen en trabajos o empleos que nada tienen que ver con tu formación profesional.
Muchos de los estudiantes que conozco, han homologado sus estudios con la esperanza de poder trabajar, pero parece que sólo funciona para quienes poseen titulaciones de médicos por una coyuntura en especial. Las otras áreas quizás necesitan buenas relaciones y tiempo. Ahora en tiempo de crisis, se endurecen las políticas de contratación, cuestión que nos afecta de manera directa.
Actualmente, entre estudios y trabajos ocasionales, sobrevivo. He encontrado personas que tienen dilemas parecidos, comunes, como la resolución de los documentos, el alquiler, el trabajo, la alimentación y el reconocimiento de los saberes que poseemos.
Quizás haya personas que de manera individual encuentren soluciones a sus dilemas, pero tardan mucho tiempo y pasan situaciones desafortunadas. Hay otras posibilidades en la medida que encontramos apoyo moral en redes naturales que están en la ciudad y que desconocemos porque no hay forma de visibilizarlas.
A mí me motiva la idea de organizarnos con varios fines, como hacer visible lo que somos, contar lo que es la realidad colombiana, el compartir y el mantener un proceso de intercambio sobre las experiencias que como inmigrantes de un mismo país vivimos.
Quizás la forma organizativa que queremos, no es grande y pienso que la dinámica de lo que sucede en Colombia tiene un peso. He percibido que la ciudad de Valencia no es ajena a la dinámica colombiana del conflicto, y por ello, los trabajos que se dan en red para co-ayudar en aquellas situaciones por las que pasamos los inmigrantes a veces son invisibles.
Por ahora resistimos, pertenezco a la Asociación Entreiguales Valencia, y lo considero como un escenario de compartires y de intercambios.
Queremos varias cosas a nivel colectivo pero encontramos obstáculos en la medida en que no podemos, cien por ciento, dedicarnos a lo organizativo que ello demanda, lo anterior responde al hecho de que a diario, estamos resolviendo las necesidades básicas. No por ello dejamos de hacer acciones que den cuenta que existimos y poder poco a poco ser referente en la ciudad como colectivo que se piensa un país con verdadera justicia social.
Actualizado ( Domingo, 28 de Junio de 2009 08:57 )



